Esta semana, ha comparecido en la comisión de Seguridad del Parlamento Vasco la pareja de Amaya Zabarte, Joseba Novoa. Lo ha hecho para pedir que identifiquen a la persona o personas que hirieron a su mujer. Llevan más de año y medio clamando en el desierto.
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Resumidamente, el 5 de marzo de 2024 la Real Sociedad jugó un partido de Champions contra el todopoderoso PSG. Aquel día, Mbappé jugó por vez primera en San Sebastián, y lo hizo con la camiseta del equipo parisino. La Ertzaintza montó un operativo numeroso para evitar incidentes.
Recuerdo perfectamente lo que vi ese día mientras me acercaba al campo. ¡Cómo estaban los alrededores! Llegué con poco tiempo. Era de noche, muchos policías antidisturbios, obras en la estación del topo (tren de vía estrecha)… era una especie de paisaje tras la batalla. Daban ganas de irse a casa, pero entré sin ningún contratiempo.
Tal y como han contado Amaya y Joseba, aquel día fueron con su hijo a ver el partido. Los tres se acercaron a la puerta que les correspondía, pero Amaya no pudo entrar, porque la falta de cobertura de su teléfono impidió que pudiera enseñar su tarjeta. Mientras padre e hijo entraban, ella se alejó unos metros en busca de cobertura.
Mientras estaba en ello, mirando su teléfono, un ertzaina lanzó una bala «foam» que le impactó en la parte trasera de la cabeza. Según parece, a una distancia de 20 o 30 metros. A consecuencia de ello, cayó al suelo y, mientras intentaba incorporarse, pasó a su lado una formación policial que no se ha explicado debidamente hacia dónde iba. Uno de los ertzainas le lanzó una patada al pasar a su altura.
Se levantó, le llamó a su marido y, aún conmocionada, entró al estadio para evitar que su hijo se pusiera nervioso. Al poco rato, viendo que su situación era insostenible, los tres abandonaron el campo. Camino de casa, pararon en el Hospital Bidasoa. Allí le hicieron un escáner y la derivaron al Hospital Donostia. Ingresó en la UCI.
Han pasado ya diecinueve meses, pero Zabarte no se ha recuperado del todo.
Por aquel entonces, el consejero de Seguridad era Josu Erkoreka. Repitiendo por desgracia algo que resulta más habitual de lo conveniente, la versión oficial no casaba con las imágenes que vimos en Internet.
Se fue Iñigo Urkullu y con él Erkoreka. Vino Imanol Pradales y nombró consejero de Seguridad a Bingen Zupiria. Las cosas han seguido más o menos parecidas y el viacrucis de la familia está muy lejos de terminar.
No es solamente la Ertzaintza quien ha tenido un comportamiento que dista mucho de ser el conveniente: la jueza que está instruyendo el caso tampoco tiene una actitud muy colaborativa.
El apunte anterior hablaba de los 40 años del atentado del Hotel Monbar en Baiona. Me felicitaba porque la consejera de Justicia y Derechos Humanos había pedido perdón a la familia en un acto que tuvo lugar en Donostia a finales de septiembre.
Muchas veces, en casos de violencia estatal, la Administración de Justicia mira para otro lado.
¿Es eso lo que le espera a Amaya Zabarte?