Hace unas semanas, transcribí por aquí una intervención de Rafael Chirbes en la Fundación March. Días después, escuché una entrevista que Andreu Manresa le hizo a Enric González en la sede que la fundación tiene en Palma, en mayo de este año 2025.

Me resultó muy interesante la conversación y, sobre todo, las palabras de Enric y las he recogido por aquí. Es casi hora y cuarto de diálogo. Sé que hay ya unos cuantos programas que transcriben audios, pero no he conseguido nada que me satisfaga y lo he ido escuchando y transcribiendo en ratos muertos durante varios días.
Enric González es un periodista que destacó como corresponsal del diario El País en París, Roma, Londres, Jerusalén, Nueva York, Washington y Buenos Aires. No le seguí mucho en ese periódico, aunque sí que he leído dos o tres libros suyos. Últimamente le he escuchado en la radio y he leído cosas sueltas en medios como Relevo y El Diario.
Los líderes de opinión
En España, los líderes de opinión solían ser los propietarios de los medios. No nos engañemos. Luego había la gente que escribía, que hablaba, pero han sido los medios, y fundamentalmente El País durante muchos años, los que han sido líderes de opinión. Hay personalidades individuales. Posiblemente, Iñaki Gabilondo fue durante años líder de opinión, gente que se hace respetar, porque piensa lo que dice y dice lo que piensa.
Pero en este país, la prensa tampoco ha sido un fenómeno masivo como en otros lugares. El Reino Unido, por ejemplo. (….) La opinión aquí siempre ha sido asilvestrada y falta de líderes.
Le dice Andreu Manresa que para José Luis López Aranguren El País era como el intelectual colectivo.
Sí, siempre estábamos en que si era colectivo u orgánico. Hubo un momento en que era casi peligroso el papel de El País como formador de opinión, porque eso se contagiaba al interior y convertía a la redacción en auténticos cretinos llenos de arrogancia y convencidos de tener la verdad. Por suerte eso pasó.
(…)
Lo que ha pasado es que las jerarquías antiguas se han derrumbado y la comunicación se percibe como algo horizontal. Todo el mundo puede comunicar lo que sea porque hay canales para ello. Si tienes muchos seguidores, hay perfectos imbéciles que tienen muchísimos seguidores, ya eres un líder de opinión. En esta sociedad en tránsito, no sabemos cómo se organizará esta horizontalidad comunicativa bastante caótica por el momento, como todos los procesos de cambio.
Creo que está relacionado, por un lado, con el individualismo, que es un fenómeno creciente desde antes de los 80 del siglo pasado. Y por otro, con la emotividad. Nos hemos hecho emotivos y sentimentales: lo subjetivo triunfa. Te parece que lo que piensas tú tiene que ser verdad y, como en las redes conectas con gente que tiende a pensar como tú, estás convencido de que la mayoría piensa como tú y tiene razón. Entonces, ¿por qué mandan esos otros que no piensan como nosotros? Es esta distorsión la que produce fenómenos como los que estamos viendo en todas partes.
José Martí Gómez
Es uno de los periodistas que más he admirado. Yo quería ser veterinario, pero mi padre (Francisco González Ledesma), que era periodista y había llegado al periodismo en una edad tardía, pensaba que era un oficio estupendo. Me dijo: «¿por qué no haces de periodista?» Me propuso estar un tiempo de becario en un diario.
Me inventé una entrevista con Martí Gómez. Le dije que para la facultad o algo parecido. Yo en casa había oído hablar de Martí Gómez. Grandes aventuras. Se decía que había desaparecido un tiempo porque se fugó con una trapecista; era un reportero fantástico que andaba siempre por los tribunales, por las comisarías…
Le hice esa entrevista y, por lo que me dijo, pensé: probemos. Y probé. Como esto no es tan difícil, sigues y sigues. Piensas: el año que viene me cambio de oficio y busco algo serio. Pero hemos llegado ya a la edad de jubilación.
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Llegamos a ser muy amigos. Teníamos en la SER Cataluña un programa que hacíamos los lunes y después del programa nos íbamos a Boadas a beber Martinis. Su mujer, a la que saludo desde aquí, no lo veía bien. Me consideraba una mala compañía. Decía que Martí bebía por mi culpa. No es verdad.
El tipo tenía un superpoder: delante de él decías la verdad. Nos conocíamos de años. Habíamos coincidido en Londres y nos teníamos muy vistos. En cuanto coincidíamos, él decía: «¿Qué?» Y yo empezaba a explicarle mi vida (…) Era capaz de hacer hablar a cualquiera.
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En el turno del público, una persona le pregunta sobre Martí Gómez. Le dice que había releído el precioso obituario que Enric escribió y quería saber, a juicio de Enric, por qué destacó tanto como periodista de sucesos.
Si aprendí algo de él, me gustaría pensar que sí, fueron dos cosas: una, el off the record y las confidencias son sagrados. Él se murió sin publicar sus memorias porque habría tenido que romper el off the record sobre personas que ya estaban muertas. Él respetaba eso y, por ello, sus fuentes le eran muy fieles.
Dos, y lo que tenía y a mí me habría gustado tener, es la capacidad de escuchar. La gente tiene historias interesantísimas. La cuestión es escucharlas. A mí me entretiene eso: que te cuenten historias. Pueden ser poco relevantes si las comparas con los problemas del mundo, pero son historias humanas.
Él no iba a hacer un reportaje a un comedor social; él se pasaba un mes yendo a comer cada día al comedor social. El resultado se notaba.
Israel-Palestina
Cuando fui a Jerusalén a trabajar, no había estado nunca. Yo sentía mucha simpatía por los judíos en general. No sé si es una etnia, una religión o qué. Y hasta cierto punto era sionista, en el sentido de que no creía que fuera una buena idea destruir Israel.
Lo que comprobé al vivir allí fue, por un lado, que el sistema educativo se había dejado en manos de los religiosos por razones políticas: los partidos religiosos hacían falta para la mayoría conservadora. Lo que pedían era el cuasi-monopolio de la educación. Esto producía nuevas generaciones que eran, por un lado, bastante religiosas y, por otro, muy nacionalistas.
Los grupos de rabinos que estaban en Jerusalén antes de la creación del estado de Israel nunca habían sido sionistas. Eran más bien propalestinos. Los recién llegados se dedicaron a crear conciencia nacional y, en un territorio tan conflictivo, la conciencia nacional implica la negación del otro, ese que aparentemente nunca estaba allí. Esa frase con la que justificaron la llegada de Israel: un pueblo sin tierra, una tierra sin pueblo. Como si allí no viviera nadie.
Bueno, pues esto se ha agravado con décadas de enseñanza nacionalista y religiosa.
Por otro lado, pasé unas cuantas noches, en varias sesiones, en los campamentos de colonos en Cisjordania. Cuando yo estuve allí, en Gaza ya no había judíos. Era una situación obviamente infernal, no tanto como ahora. En Cisjordania, en los asentamientos se alojaban muchos chicos jóvenes. La mayoría estadounidenses, bastantes franceses. Chavales de veintipocos años, chicos y chicas alrededor de hogueras, armados con fusiles ametralladoras, que tenían carta blanca para bajar a las aldeas palestinas y hacer lo que quisieran: destruir los cultivos, apalizar e incluso matar a gente. Lo curioso es que en torno a la hoguera, cada noche, percibías la euforia. Es una sensación que no podía ser muy distinta a la de los colonos americanos cuando conquistaron el Oeste y se dedicaban a exterminar a los últimos indios que quedaban. Y cuando compartes ese sentimiento de juventud y de euforia, te das cuenta de que la cosa es grave.
La consecuencia de todo esto es lo que vemos ahora: un primer ministro al que no se le puede llamar formalmente delincuente, es presunto delincuente, porque todavía no ha sido sentenciado, pero que ha llevado a Israel a un extremo que yo temo que el antisemitismo, esa palabra polisémica con la que uno se refiere al odio a los judíos, vuelve a crecer en el mundo por culpa de Israel. A veces olvidamos que solo una minoría de judíos vive en Israel. Hay judíos por todo el mundo y no todos piensan igual.
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No todos los judíos son ricos, pero hay judíos muy ricos. Es verdad que, desde Hollywood y desde los medios, se ha fomentado esta expansión interminable de Israel, pero posiblemente las cosas habrían ido de una forma parecida sin todo eso, porque Israel nace después del trauma de la Segunda Guerra Mundial, del exterminio de judíos en Europa.
No sé qué pasará en Gaza, en Cisjordania, pero, con todo lo que estamos viendo, lo que el estómago pide es darle un país a los palestinos. Esto es lo que ocurrió antes con los judíos.
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En el turno del público, una persona le pregunta hasta dónde está dispuesto a llegar Netanyahu y sobre la idea de Trump de construir un resort.
Trump va inventándose un habla. No creo que nadie haya pensado seriamente en montar un resort en Gaza, porque la cuestión de la seguridad sería precaria al menos durante unos cuantos siglos. Me parece que eso era una forma de expresar su acuerdo con Netanyahu en el sentido de hacer una segunda Nakba, una segunda y definitiva expulsión de los palestinos.
¿Hasta dónde va a llegar Netanyahu? Hasta donde le dejen. Si le dejan va a llegar hasta el final. La resistencia dentro de Israel, que está articulada en torno al diario Haaretz (diario sionista, La Tierra), es cada vez menor. Hay manifestaciones contra esto cada semana en Israel, pero es una minoría. ¿Van a dejar que Netanyahu llegue hasta el final? Es decir, ¿hasta el exterminio y la expulsión? Pues es posible que sí. No veo quién puede pararle los pies, dado que Estados Unidos no tiene ningún interés y Europa no tiene ninguna capacidad.
El 11-S
Esa mañana volé de Nueva York a Washington. Yo todavía tenía un apartamento en Nueva York y la portería se convirtió en un hospital de campaña. Cuando llegué a Washington, conecté el teléfono y entró una llamada de Madrid: una avioneta se ha estrellado contra un rascacielos. Mira a ver.
(…) Andreu le dice que perdió más de una decena de kilos.
Trece, me parece. Ese día volví a fumar. La excusa era perfecta: se estaba cayendo el mundo, la Casa Blanca rodeada de tanques, la gente huyendo en pánico… Y yo me voy a quedar sin fumar un Camel. ¡Venga!
(…)
The New York Times
En ese momento, The New York Times entra en una deriva muy muy preocupante, muy patriotera. Se colaban informaciones completamente falsas. El caso de Judith Miller es solo uno. Había que justificar la invasión de Irak, todo iba a ir bien, la democracia en Oriente Próximo, etc.
En aquellos días, entrevisté al propietario, Sulzberger. Me pareció que él mismo estaba preocupado por eso, pero la suya es una empresa comercial y, en ese momento, los lectores pedían patrioterismo y entusiasmo bélico.
(…)
The New York Times se disculpó: reconoció que habían fallado los controles, que se habían dejado llevar por el clima de la opinión. En resumen, habían pensado que decir la verdad no era popular y, por tanto, habían dicho otra cosa. Es un problema perenne en las empresas informativas: a la vez, son empresas comerciales y tienen que vender su producto.
(…)
La primera página de The Times, el periódico más prestigioso de Londres, mantuvo los pequeños anuncios, toda la portada era pequeños anuncios hasta 1967. No había noticias en portada. Había lo importante: pequeños anuncios.
(…)
La prensa continental europea sigue siendo muy ideológica y la prensa anglosajona, menos. Aunque ideología hay en todas partes, pero en la anglosajona es estrictamente comercial. Si esto vende, damos esto.
La realidad ajustada a nuestro punto de vista
A la industria periodística, en España y en todas partes, le ha pasado algo fundamental: ha perdido su principal fuente de ingresos, la publicidad. La publicidad se ha ido a Google. Google controla la publicidad en casi todo el mundo.
La prensa tradicional lo está pasando realmente muy mal. Pero también sufre de otro problema, que no es propio sino ajeno. En otra época, diarios como La Vanguardia, ABC, incluso El País, habían sido más o menos ecuménicos. Es decir, contaban lo que pensaban que era la realidad, lo que estaba ocurriendo.
Ahora esto es más difícil, porque el lector no es que sea más exigente en el sentido de querer más realidad. En general, lo que pide el lector es una información de su agrado, que no contradiga sus propias opiniones. Si estás en la sección de Opinión, y lees los mensajes de los lectores, es muy evidente y muy preocupante. No queremos la realidad, ya no digo la verdad. La realidad, la actualidad… No, no, queremos que la realidad se ajuste a nuestro punto de vista.
En El País a veces se publican cosas que suscitan protestas. Hieren sensibilidades y dejan de publicarse. Y hablo de El País porque lo conozco un poco mejor que otros.
Imagen mítica de nosotros
Tenemos de nosotros una imagen mítica: nos levantábamos y leíamos de tirón tres periódicos todos enteros. No, comprábamos los periódicos porque salían las farmacias de guardia, la cartelera de cine, la programación de la tele… Y veíamos los titulares y algunas cosas que nos interesaban. Se han hecho estudios sobre esto, y siempre con el mismo resultado. Nunca se ha llegado hasta el final.
Esto se refiere a controles internos, pero cuando yo hacía reportajes para el domingo en El País, en uno, que creo que hablaba de un ministro que se llamaba Solchaga, entre otras cosas, hacia el penúltimo párrafo, puse un párrafo en latín. Tuve que avisar para que lo quitaran porque nadie, nadie, ni los correctores, había llegado al final del texto. Si el que tiene que revisar no ha llegado hasta aquí (eran larguísimos), el lector tampoco.
Lo que ocurre con el artefacto que llamamos periódico es que servía para jerarquizar lo que era importante de lo que no. Ahora en el móvil la información viene en scroll. Todas tienen o parecen tener la misma jerarquía. Y eso es lo que se ha perdido.
Ahora todo vale lo mismo. Y todo te llega desde múltiples lugares. Si entras en las redes, te puedes pasar la vida ahí. Yo no estoy en las redes, pero a veces hecho un vistazo. Puedes optar por idiotizarte completamente, que es algo inofensivo; ponerte en TikTok e ir viendo tonterías y así le echas las jornadas y ya está. O algo que es más peligroso: creerte cosas que vienen en Internet. «Me ha llegado porque me lo rebotó mi cuñado. Entonces, será verdad seguro».
No tenemos ese mediador, que era incómodo. El papel del periodista era incómodo. El mediador, el que decide lo que es importante y lo que no.
Por ejemplo, el libro este que se ha escrito sobre este hombre que asesinó a sus hijos, el de Luisgé Martín. El hecho de que hubiera periodistas que lo hubieran leído en galeradas y escribieran artículos diciendo: «No, no, no…. Esto no tienen que leerlo ustedes, así que mejor que no salga el libro». ¿Qué tipo de petulancia es esta? O sea, que tú decides lo que a la higiene pública le conviene. Ese ha sido siempre un problema inherente al periodismo.
Roma: Berluconi y los papas
Italia es un país precursor en política de siempre, al menos desde el siglo XIX. La unificación de Italia en 1870 y la monarquía de Saboya tan ejemplo para las monarquías de la época (la española, la de los borbones de entonces, la copia bastante): sustituye la vieja tradicion de la conexión divina y la gracia de Dios por el nacionalismo. Y luego, el fascismo nace en Italia y el neopopulismo también. Es decir, el gran corruptor del sistema político se presenta como el salvador. Y la gente decía: el que corrompía a todos los políticos tiene que ser incorrumpible por definición.
Berlusconi era básicamente un constructor. Él empieza en la tele porque construye una urbanización cerca de Milan y decide que una buena estrategia de venta para la época (sólo había dos canales, públicos: RAI 1 y RAI 2) es montar un circuito interno de televisión y dar películas baratísimas. Y funcionó. A partir de ahí, creó su imperio televisivo (Tele 5 y demás) teniendo todas las televisiones privadas. Esa plataforma y los éxitos del Milan dieron pie al fenómeno Berlusconi, que era un hombre muy simpático.
Me invitó a comer. Y eso de comer a solas con Berlusconi fue una experiencia, porque explicaba chistes malísimos con gracia, se levantaba, iba al piano, volvía… Daba espectáculo.
Berlusconi crea la televisión contemporánea, mientras Trump es un producto de la televisión contemporánea. Porque Trump se forma en los reality shows de televisión. Esa serie (The Apprentice) en la que ejerce de millonario, que contrata gente y despide gente (todo falso, porque estaba en quiebra, y la productora tuvo que poner unas oficinas nuevas en otro sitio, porque las suyas eran una cutrez de roña con suelo). Le disfrazaron de gran magnate, él se creyó el papel y ahí le tienes. El americano medio cuando ve a Trump ve al personaje de televisión y este es un efecto que no es nuevo, porque nadie conocía personalmente a Hitler: Hitler eran unas fotos muy escogidas y los discursos en la radio. Al final, confundes a ese personaje mediático con la persona real, los fundes y te lo crees y luego pasa lo que pasa.
Buenos Aires: el nacimiento de Milei
Coincidimos en la radio. Era un personaje muy curioso, porque Milei estaba en ese programa y yo fui para hablar de algo que no recuerdo. Él estaba para hacer un comentario económico y luego cantaba un rock and roll. Era un señor que llenaba tiempo en la radio gratis y te ocupaba diez minutos, diez minutos salvajes, porque decía la primera burrada que le pasaba por la cabeza. Un personaje pintoresco.
El fenómeno posterior dice mucho de cuál era la situación de Argentina, que era insostenible. Que un país culto como Argentina haya apostado de esta forma por Milei es básicamente ansia de ruptura: vamos a acabar con todo. Creo que este un sentimiento que domina el presente en casi todas partes: las ganas de destruir. Estamos hartos. Otra cosa.
Francia
Quizá no estemos muy lejos de esto que dicen de los franceses: esta gente que vive en el paraíso y cree vivir en el infierno. Todos tendemos a pensar que estamos peor de lo que estamos en realidad. Obviamente, si te mueves por el mundo ves que Europa es un rincón privilegiado, pero no tenemos esa percepción. Argentina estaba objetivamente mal, pero me admira la rapidez con la que avanza el populismo neoautoritario de derechas en Europa, donde la situación objetivamente no es tan mala: es de estancamiento económico, de cansancio vital… ¿Por qué nos impresiona tanto lo malo?
El otro día estaba leyendo un libro sobre Francia. Ha habido atentados terroristas tremendos, básicamente islamistas en Francia. Pero el caso es que la convivencia en general es modélica. El problema no es un problema de Islam contra cristianos o Islam contra franceses nativos. Es un problema de ciudades contra banlieus, los elegidos contra los excluidos. Cualquier hecho grave que ocurre lo interpretamos como un síntoma de que las cosas van muy mal. No, son epifenómenos, porque las cosas van bastante bien. Si miras los pirados que cometen atentados, son auténticos pirados, minoría. Pero esto fomenta la desconfianza contra los musulmanes que, por muchas razones, tienen dificultades de integración y fomenta el nativismo, el racismo, la xenofobia.
La Iglesia
La primera rareza procede del propio catolicismo: es la única religión con un jefe. La otra es la anglicana, con el rey de Inglaterra, pero el rey no habla mucho de religión. Una religión con un jefe elegido por inspiración del Espirítu Santo.
Lo interesante es [ver] una institución que había llegado a estar muy desacreditada con Pío IX cuando la unificación italiana y el papa entra en delirio. La Iglesia entra en crisis y esa crisis sigue después de la Segunda Guerra Mundial cuando Pío XII prohíbe a los católicos que voten a los comunistas, cuando había muchos católicos que votaban comunista porque durante la guerra han estado en la resistencia con los comunistas y no les ven el problema.
Es con Juan XXIII cuando de una forma bastante inconsciente anuncia un concilio que, en principio, iba a estar destinado solo a cambiar el rito de la misa: olvidar el latín. Muere Juan XXIII cuando ha convocado el Concilio Vaticano II y el heredero, Pablo VI, es un peligroso intelectual, porque es un tipo que se dedica básicamente a pensar. Y aunque él era todavía un papa tradicional, empieza a hablar de política en términos más o menos democráticos. [Todo ello] en paralelo a una sociedad italiana que convivía con un partido comunista fuerte, con muchas tensiones, los servicios secretos organizaban atentados masivos: los años de plomo.
Pero en esta situación caótica el papa se erige en el único líder fiable de Italia y, por extensión, de gran parte del mundo. Es un hombre que habla en términos razonables cuando habla de política, de sociedad, porque cuando habla de control de natalidad pierde un poco el pie.
Y en estos últimos años el papel del papa como gran comunicador se ha reforzado, porque el fenómeno Wojtyla rompe todos los moldes. Es un personaje al que le gustan las multitudes: el trabajo no le interesaba nada. Yo creo que nunca miró un papel, porque él lo que quería era estar en el escenario, que hubiera un millón de jóvenes delante, salir en las teles… Convierte el catolicismo en un fenómeno de masas sin que la religión católica lo sea. En Latinoamérica tiene todavía bastante fuerza, pero la va perdiendo.
El gran aparato de Radio Vaticano, ahora Vatican News, funciona muy bien. Además, el papa puede ser percibido como alguien neutral, no pertenece a ningún poder, porque su poder viene directamente de Dios. Cuando el papa dice que lo de Gaza es intolerable no tiene ninguna consecuencia, pero para la gente es importante porque el papa es una autoridad moral. Y en una sociedad, la internacional, falta de autoridades morales, el papa cumple más o menos la función.
(…)
El hecho de que un hombre [Aldo Moro] que no era primer ministro, pero que era el jefe de la Democracia Cristiana, y patrocinaba un acuerdo con los comunistas, estuviera secuestrado y enviara esas cartas terribles que se difundían. Que la Democracia Cristiana encabezada por Andreotti prefiriera que le mataran, ese tipo de gesto del papa [Pablo VI se ofreció como rehén en vez del secuestrado] le da una autoridad moral de la que nadie más puede presumir. Eso era muy relevante en aquel momento y lo sigue siendo ahora.
La forma lo es todo en Italia
La civilización italiana (yo la considero una civilización aparte, dentro de la europea) respeta muchísimo la belleza. Es una sociedad muy pendiente de la estética, no en el sentido filosófico original, sino en el sentido de las formas. La forma lo es todo o casi todo.
Los papas más corruptos encargan la Capilla Sixtina, el Vaticano proyectado por Miguel Ángel, todas esas obras de Rafael, y lo que queda es el producto estético.
Y creo que la frase de que en Italia no existe la verdad o que no se le da gran importancia [frase de Sciascia que le señala previamente el presentado Manresa] está relacionada con este fenómeno de admiración ante la belleza. Cuando los directores de cine italianos se ponen a mirarse el ombligo acaban perdiéndose en consideraciones estéticas. Porque no hay mucho que contar: simplemente mirar.
La verdad es una cosa que inventaron los alemanes para vender libros de filosofía. Yo en nuestro oficio prefiero hablar de realidad o de actualidad.
Bernanos y la Guerra Civil española
Bernanos tiene una experiencia muy peculiar para un periodista. Él viaja a la Guerra Civil con una idea preconcebida: está claro que los franquistas, los sublevados, tienen razón, porque son católicos, creyentes, de derechas.
Luego, viendo la guerra, empieza a escribir cosas que sus lectores no esperan. Y eso es un acto de valor que le honrará para siempre.
Cuando te esfuerzas en convencer al lector o al oyente de que sus prejuicios probablemente están equivocados como lo estaban los tuyos.
El periodismo actual y la política
Ante una pregunta de alguien del público.
Financial Times no es la última llama. Ahora mismo, para entender el trumpismo hay que leer The Wall Street Journal, porque cuenta los negocios sucios que está haciendo Trump en este momento. Hay otros como The Economist, etc.
Hay bastantes periódicos que tienen cosas valiosas: nunca ha existido el diario o el medio perfecto. Sería una aberración.
Creo que todavía hay muchas cosas esparcidas por ahí que tienen interés y que valen la pena.
La prensa en general, especialmente en España, tiene atrasadísimo el ejercicio de autocrítica. Lo del rey emérito es sólo una parte del pastelón que hemos ido orillando. El colmo del cinismo es decir: «si todos lo sabíamos». Bueno, pues si lo sabíamos todos, por qué no salía en los papeles.
Toda la política se ha degradado. La gente en general prefiere no dedicarse a la política y así queda en manos de profesionales que han empezado en las juventudes del partido y han seguido ahí haciendo una carrera interna. No conocen muy bien el mundo real.
Y si enfrentas a dos imbéciles, gana el imbécil que dice más barbaridades, el que parece más auténtico. Y esto es lo que está pasando. En Gran Bretaña han ganado los laboristas y tampoco se ve ninguna diferencia: la misma incompetencia de antes. Habría que preguntarse por qué entre todos hemos degradado hasta ese punto la política y hemos abierto el camino para que triunfen los fenómenos autoritarios actuales.
(…)
Otra pregunta del público sobre periodismo: un periódico es un producto de minorías
Ciertamente, un periódico que quiera se mínimamente riguroso es un producto de minorías, pero cuando habla de los años 80 y 90, la situación era que el periódico recibe tanta publicidad, que tiene que tirarla.
Durante un tiempo fui responsable del suplemento de negocios de El País, lo cerrábamos los viernes. Entonces, para poder meter un poco de información, tenías que decir «pues esta página de El Corte Inglés fuera». Entonces, venía el jefe de publicidad, casi en lágrimas, y te decía «no puedes tirar seis millones de pesetas».
Es decir, había mucho dinero y cuanto más hinchabas las ventas más podías cobrar por la publicidad. Los kioscos se convirtieron en cacharerrías generalistas: comprabas el periódico y te daban una sartén, un fascículo, un libro, un juguete… Te llevabas media tienda debajo del brazo.
Era todo gordísimo y nos parecía un periódico lustroso: era lustroso porque tenía un montón de publicidad. No eran grandes periódicos. Simplemente, la publicidad se concentraba ahí. En cuanto se fue la publicidad a otra parte, se nos vió el latón.
Yo creo que el periodismo es ahora mucho mejor que hace treinta años. Muchísimo mejor. Lo que falla es la industria porque se ha acabado este maná inagotable de la publicidad.
(…)
En el turno abierto al público, una persona le pregunta sobre el futuro del periodismo: si los medios tradicionales no valen para generar opinión y los nuevos lo tienen muy difícil por la propia estructura, ¿qué posiblidades hay?
No lo sabemos. Sabemos que aparecerán soluciones, porque el humano individualmente suele ser bastante tonto pero en colectivo es bastante listo y se arregla para sobrevivir a todos los problemas. Algo habrá. Ahora no lo vemos. Es una situación de cambio.
¿La proliferación de voces a qué conduce? A la cacofonía: todo, la verdad y la mentira, vale lo mismo. Y la verdad, ya que nos ponemos a hablar de filosofía, es un bien más escaso y más valioso. Un tipo como Elon Musk, que se dedica a montar infundios, contar patrañas, hacer propaganda a la ultraderecha… no dudo que es un hombre muy inteligente, pero que a la vez es un cretino profundo, sin ninguna capacidad social.
Pero este hombre tiene un equipo de gente que lee a fondo periódicos como The Wall Street Journal para proporcionarle información real a él. Luego él ya se dedica a los infundios, pero él, que tiene empresas y cobra millonadas de fondos federales y tal, quiere tener acceso a hechos verídicos.
En fin, él se lo puede permitir y nosotros podríamos permitírnoslo y cada vez nos apetece menos. ¿Para qué un dato cierto si esa opinión falsa es tan divertida y es tan conforme con mis propios prejuicios?
Algo saldrá, pero yo de momento no veo cuál es la solución.
(…)
Varoufakis publicó hace poco un libro con un par de ideas interesantes. Él habla de neofeudalismo, de tecnofeudalismo. Imaginemos que lo virtual, Internet, es un territorio inicialmente virgen. En cuanto a finales del siglo XX, empieza a difundirse la comunicación por Internet, a unos cuantos tipos que tienen los medios técnicos se les concede la propiedad de este nuevo territorio, se les conceden feudos. Es el caso de Zuckerberg, etc.
Esta gente no tiene beneficios: como los feudales, tiene rentas. El territorio es suyo. En ese territorio, haz lo que quieras, pero paga tributos al señor feudal. Tributo monetario o el tributo de tu propia identidad: tú eres un producto comercial que se pone inconscientemente en el mercado en beneficio del señor feudal.
Este tipo de nuevo poder, de empresarios que no tienen beneficios sino rentas, es altamente peligroso, porque obviamente enseguida se han puesto de acuerdo con Trump, que es un tipo con instinto comercial, básicamente autoritario y rentista. No hay que olvidar que si construyes en Nueva York, tú quieres ser rentista, porque básicamente alquilas.
Todo ello crea un cóctel bastante difícil de digerir.
Jordi Pujol
El entrevistador, Andreu Manresa, habla del libro sobre Pujol publicado en 1984 y escrito por Francesc Baiges, Enric González y Jauma Reixach: Banca Catalana: Más que un banco, más que una crisis.
Ese libro fue un problema que para mí acabó siendo positivo. Yo estaba en El Periódico de Catalunya y la Generalitat prohibió que yo fuera a ningún acto relacionado con la Generalitat. Me contrataron en TV3 por la mañana y me despidieron por la tarde, sin hacer yo nada todavía, porque Prenafeta, que era la mano derecha de Pujol, me vetó. Mi situación laboral era complicada. Entonces, El País me ofreció un puesto en la redacción de Barcelona, yo acepté y luego me lo pasé bastante bien en El País.
Pero cuesta hacerse una idea de cómo era la sociedad catalana en los dos o tres primeros mandatos de Pujol. Era algo que había que verlo para creerlo. Pujol no solo era la autoridad política, era la autoridad moral. Él mismo se la atribuyó cuando la querella de Banca Catalana. Él era el único que podía hablar de ética. Por eso cuando él dice «Bueno, sí, tenía un dinerillo por ahí sin declarar», el impacto es mucho mayor del que él ha calculado, porque los suyos le tenían como una especie de papa, una autoridad por encima de la política. En fin, si la gente supiera…
Era empresario de prensa. Con la cosa de construir Cataluña, fue comprando y destruyendo medios: Destino, El Correo Catalán, el Avui original… En fin, todo por Cataluña.
Muy interesante y pese a momentos negativos o turbios mereció la pena seguro. Felicidades
Eskerrik asko, David.