Estas dos últimas semanas he pasado más tiempo del habitual con mi madre. La semana pasada la llevé al médico. Nos atendió en un barracón prefabricado. No es novedad. Llevamos así los últimos cuatro o cinco años.
El 1 de agosto me acerqué al ambulatorio de Irun. Al pedir cita en la web, me di cuenta de que no estaba la médica habitual. Pregunté y me dijeron que se había ido a otro centro de salud.
Zaharrak handitzen doaz, apunte hau euskaraz
La cita era en uno de los dos barracones prefabricados que hay en la trasera del ambulatorio del centro de Irun. Llevamos ya, por lo menos, cuatro o cinco años así. Lo último que leí en la prensa es que el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento habían llegado a un acuerdo para construir un nuevo centro. O estaban en ello. Sería el tercero de la ciudad: aparte de este viejo, hay otro más en Dunboa.
Ahora no hay mayores problemas, pero imagínate que tienes que pasar, por lo menos, un cuarto de hora casi a la intemperie con una persona enferma, no te digo nada si es una persona mayor, en un sitio tan umbrío. Aún recuerdo el aire helador que había cuando fuimos a ponerle la vacuna el otoño pasado.
Sin olvidarnos de que el personal sanitario se pasa toda la jornada laboral en un cubículo pequeño e inadecuado.
Pero ya sabemos que nos quejamos mucho, pero no protestamos. Y quienes mejor lo conocen son los dirigentes. No estamos organizados y se ve a la legua.
La víspera, el 31 de julio, fui con mi madre de paseo a visitar a una conocida suya. Tras pasar diez días en el hospital, llevaba menos de una semana en casa. MJ tiene 95 años. Su vecina C, 89. La más joven era mi madre: 88 el próximo mes de septiembre.
Hablaban con calma de sus cosas, mientras yo escuchaba y me mantenía al margen. En un momento dado, que diría el otro, la señora dijo que sus nietos treintañeros apenas la visitaban.
Dijo que vivían en un pueblo cercano y que sí acudieron al hospital. Según ella, les debió de preguntar si el hospital estaba más cerca que su casa. Y no, hay apenas dos kilómetros entre ambos puntos.
Según ella, llevaban 15 meses sin visitarla. Esa es la versión de ella. ¿Será así? No lo sé, porque a veces le oigo quejarse a mi madre de su soledad, y casi siempre hay alguien con ella.
Obviamente, si las cosas son como cuenta la abuela, los nietos no tienen vergüenza.
Los viejos van para arriba y nosotros también. El pasado 29 de julio falleció Xuan Bello. El escritor asturiano tenía solamente 60 años. Me impactó la noticia, porque tengo muy buen recuerdo de su Historia Universal de Paniceiros. Creo que lo leí en los mails literarios de Susa. In memoriam, Xuan Bello.
El título obedece a una canción de Jabier Muguruza: Haurrak haunditzen doaz (Las criaturas están creciendo o van para arriba).

