No soy de estar mirando continuamente qué hace o deja de hacer Trump, pero ciertamente es difícil no prestarle atención.
El otro día escuché una entrevista a Jonathan Blitzer, un periodista estadounidense del New Yorker especializado en migraciones. Le entrevista Silvia Viñas en el podcast El Hilo. He utilizado una herramienta para transcribir más fácilmente el contenido y ponerlo aquí.
Trump seriamente y literalmente
Silvia Viñas: Jonathan, tú eres experto en política migratoria de Estados Unidos, llevas años cubriendo esto, por eso queríamos hablar contigo. Más allá del impacto de las noticias, ¿te sorprende lo que está pasando en Minneapolis? O sea, en todo este tiempo, en algún momento pensaste que ICE y la patrulla fronteriza podrían llegar a disparar a ciudadanos estadounidenses a plena luz del día.
Jonathan Blitzer: En realidad, me quedo bastante sorprendido, me quedo en shock. Y yo puedo decir que en términos más técnicos podía entender antes que cosas así podían pasar. Pero igual verlo con mis propios ojos, observar las tácticas tan agresivas por parte de los agentes federales y luego que, cuando se exponen los abusos en plena luz del día, el hecho de que la administración está diciendo que “bueno, no nos importa nada, además las víctimas son terroristas domésticos”, esos términos sí me están sorprendiendo muchísimo.
Yo estaba pensando en esto antes, que durante la primera campaña de Trump, los analistas solían decir que había que tomar seriamente lo que decía Trump, pero no literalmente, porque él hablaba con una falta de disciplina, por así decirlo. O sea, no tenía lógica. Él estaba siempre amenazando, estaba inventando cosas, mintiendo constantemente. Así que existía esta cuestión originalmente de cómo responder, de cómo entender lo que él estaba diciendo.
Y para mí una de las formas en que podemos entender la transición de la administración Trump en la primera etapa hasta ahora es que ahora sí hay que tomarlo literalmente en el sentido de que, sobre esto que estamos viendo ahora, él sí hablaba de cosas así durante la campaña. O sea, hablaba por ejemplo de invocar la ley de enemigos extranjeros, una ley del siglo XVII.
Voz en off: Esta ley solo se había utilizado tres veces en la historia y está diseñada para tiempos de guerra. Fue la que invocó Trump el año pasado para deportar a cientos de migrantes venezolanos a la cárcel para pandilleros de Bukele. Esa ley le permite al gobierno detener y expulsar a los, entre comillas, enemigos del país. Trump también ha dicho que iba a invocar la Ley de Insurrección.
… que técnicamente no se ha invocado todavía, pero que efectivamente estamos viendo este tipo de comportamiento por parte del gobierno. Esta ley permite que el ejército pueda servir como policía en las ciudades estadounidenses. Así que, en ese sentido, cada cosa que él decía que iba a hacer, pues la estamos viendo.
La maraña administrativa antimigratoria
Silvia Viñas: Jonathan, queremos entender cómo llegamos a este punto y unos días antes del asesinato de Alex Pretti, este enfermero de 37 años que trabajaba con veteranos en Minneappolis, tú justo publicaste un reportaje sobre una congresista que fue criminalizada por visitar un centro de detención de migrantes y tú cuentas que el año pasado el gobierno alentó a los agentes especiales a investigar y acusar a ciudadanos y funcionarios públicos que obstruyan el trabajo de los agentes migratorios. Y dices que esto es parte de una nueva directiva para aumentar los arrestos relacionados con migración. O sea, están dedicando muchísimos recursos y atención a las medidas migratorias. Está el Big Beautiful Bill, la gran hermosa ley que le dio un presupuesto sin precedentes a ICE y al Departamento de Seguridad. Sabíamos que este segundo gobierno de Trump iba a poner mucho énfasis en temas migratorios, como tú dices, él dijo estas cosas en la campaña, pero este año ya lo hemos visto en práctica y están pasando cosas que no hemos visto antes. ¿Por qué le da tanta importancia esta administración a la migración?
Jonathan Blitzer: Bueno, para miembros de esta administración, el tema de la migración es un pretexto para consolidar el poder autoritario del Estado. Y esto siempre se ha visto como el plan de miembros de la administración; o sea, la idea de que ahora están criminalizando las manifestaciones pacíficas, que están arrestando a ciudadanos, que están arrestando migrantes que tienen estatus legal. O sea, todo esto va mucho más allá de la cuestión de la migración ilegal, de los cruces de la frontera. Yo creo que, más que nada para miembros de esta administración y para el presidente mismo, la idea de de controlar la migración es una forma de asediar las instituciones democráticas. Y para mí esto ha sido una de las cosas más llamativas en el primer año de este gobierno. El extremismo de esto, o sea, ni siquiera está disfrazado como otra cosa. O sea, se ve transparentemente de qué se trata.
Silvia Viñas: En términos prácticos, ¿quién hace las propuestas? ¿Quién tiene la última palabra en estas medidas migratorias que toma el gobierno? ¿Cómo se transmiten las políticas migratorias a las agencias, al aparato migratorio? ¿Quién decide, por ejemplo, que hay que pedirle al FBI que persiga a los ciudadanos y a los funcionarios que intenten frenar a ICE o quién decide que ICE y la patrulla fronteriza tiene que desplegarse y hacer una cacería en Minnesota? ¿Cuál es esa cadena?
Jonathan Blitzer: Es una buena pregunta y una pregunta muy difícil de contestar en términos específicos, porque comparando con la primera administración Trump es muy difícil hacer que gente dentro del gobierno te hable, porque hay mucha ansiedad.
Pero yo lo entiendo así: hay como varias ramas del gobierno que están ejecutando la visión de Stephen Miller, el gran asesor de Trump, el gran arquitecto de las políticas internas de la administración, que sí que francamente son racistas. Miller es una persona que tiene una visión supremacista de la migración, o sea, literalmente él quiere limitar la migración y punto y quiere cambiar la composición racial de los Estados Unidos.
Por un lado, tenemos lo que se llama el Department of Homeland Security. Esto es, el departamento que tiene responsabilidad sobre agencias como ICE, la patrulla fronteriza, donde literalmente estamos viendo agentes realizando los arrestos masivos, atacando al público. El liderazgo de este departamento fue seleccionado efectivamente por Miller como para no resistir y para no competir con sus directivos. O sea, que la secretaria de este departamento, Kristi Noem, es una persona que no tiene experiencia en estos temas, no tiene tampoco el interés en tratar de mantener una integridad para el departamento, o sea, que es una persona que siempre va a decir sí a Miller.
Y esto es más o menos cómo están funcionando los miembros del gobierno: alguien como Miller y otros tienen una visión tan ideológica del tema que están dando órdenes y los departamentos están ejecutando esas órdenes.
Luego pasamos por un departamento como el de Justicia. Cuando nosotros hablamos del FBI, es un elemento dentro del Departamento de Justicia, y ahora el liderazgo de este departamento está en manos de abogados que en algunos casos literalmente trabajaban como abogados personales de Trump, o sea, que están viendo este tema en términos totalmente personalizados en cuanto al presidente y su agenda.
Luego pasamos por el Departamento de Defensa. El secretario de este departamento, Pete Hegseth, es una persona que simplemente quiere hacer lo que diga Miller o lo que diga Trump. O sea, él no tiene una visión propia más allá de demostrar su propio poder.
Así que tenemos un ámbito en que todos los intereses personales coinciden en facilitar esta agenda más ideológica y más sistemática avanzada por Miller. Cuando se habla, por ejemplo, de esta campaña para atacar a los ciudadanos, a los migrantes, a los abogados, a los congresistas, quien sea, por «interferir con los agentes federales», yo tengo entendido de que sí que existía un memorándum, un documento escrito detallando los elementos de esta política. Personalmente no he visto el documento, pero he conversado con oficiales de distintas ramas del gobierno que me han hablado de la existencia de esta directiva.
Voz en off: Bajo esta campaña fue criminalizada la congresista demócrata LaMonica McIver, el caso del que hablamos al principio sobre el que escribió Jonathan en el New Yorker. McIver fue a visitar un centro de detenidos de ICE el año pasado y terminó acusada por supuestamente agredir a agentes federales. Si la declaran culpable, puede enfrentar 17 años de cárcel.
El Departamento de Justicia históricamente nunca hubiera avanzado así en una persecución de un miembro del Congreso. Existían oficinas dentro del Departamento de Justicia como para monitorizar el funcionamiento de una administración y asegurar que no atacara a sus críticos políticos. Pero este gobierno ha desmantelado todas estas oficinas, así que así se puede ver un poco el conjunto de intereses.
O sea, por un lado, tenemos a alguien como Miller, que realmente tiene una visión completa de cómo atacar a los migrantes, de cómo desmantelar el Estado, de cómo convertir sus críticos y sus oponentes políticos en «terroristas», pero al mismo tiempo coincide con la agenda personalizada del presidente y miembros de su administración para eliminar cualquier obstáculo legal en la realización de su agenda. Así que eso es lo que estamos viendo: es un ataque completo sobre el sistema democrático.
Y los periodistas y los expertos en temas migratorios siempre, siempre, siempre han avisado al público de que el primer paso hacia el autoritarismo en Estados Unidos iba a ocurrir en este campo de la migración, porque es el espacio donde los radicales tienen una visión más clara de qué es lo que quieren hacer. Los demócratas, la oposición política, tiene ansiedad a la hora de enfrentarse a este tema porque es un tema muy controvertido en Estados Unidos y el presidente mismo siempre ha tenido un poder bastante flexible en este área, así que es una área ideal para comenzar este ataque sobre la democracia en sí.
Stephen Miller
Silvia Viñas: Tú escribiste en el 2020, durante el primer gobierno de Trump, un perfil sobre Stephen Miller. Cuéntanos un poco sobre esa visión que tiene de la emigración y de Estados Unidos como consecuencia de lo que hagan con la migración.
Jonathan Blitzer: Bueno, él tiene una visión muy personal, porque él personalmente se ha sentido amenazado por la migración, cosa que es ridícula, pero él desde su niñez en Los Ángeles tenía la idea de que el país se estaba diluyendo por la llegada de migrantes de otros países que no podían asimilar las costumbres y las tradiciones de Estados Unidos.
Antes de que él llegara al poder con la primera administración Trump, era una especie de payaso entre la comunidad, incluso republicana, por tener una visión tan exagerada de la migración. Al llegar a la Casa Blanca con Trump, tenía la ventaja, por así decirlo, de ser uno de los asesores más fieles al presidente, ya que en los primeros momentos de la campaña de Trump, cuando todo el mundo se estaba burlando de él, Miller apostó por completo por la causa Trump. Y esto en los círculos de Trump era muy importante, porque le permitió consolidar su poder y ser en el primer gobierno de Trump el gran experto en temas migratorios. Realmente logró bastante en el primer gobierno de Trump: cambió el sistema de procesamiento de los refugiados, cambió elementos del sistema legal migratorio en Estados Unidos.
Al fin y al cabo, en la primera administración Trump, Miller tenía la misma visión, pero no tenía la experiencia. Y ahora lleva años preparándose para este momento, para esta toma de poder. Además, otros miembros de la administración que eran más, digamos, convencionales o funcionarios del Estado que todavía tenían cierto peso en la burocracia estadounidense, pues podían resistir algunos de los impulsos más agresivos de Miller. Ahora no existen estos filtros, así que él puede hacer lo que quiere y estamos viendo las consecuencias.
Silvia Viñas: Ahora no es solo asesor, en inglés es Deputy Chief of Staff for Policy and Homeland Security Advisor. Creo que se puede traducir como subjefe de gabinete para políticas y asesor de seguridad. Entonces, igual tiene más poder.
Jonathan Blitzer: Totalmente: en términos objetivos tiene más poder. Los títulos siempre me han confundido, francamente, porque suenan tan complicados. Pero sí, en realidad, él tiene ahora una influencia sin parangón dentro de la Casa Blanca y la administración está ejecutando esa agenda de convertir a sus oponentes en criminales, en terroristas. Así que esto refleja la visión de Miller.
Voz en off: La estrategia de calificar a personas o grupos como terroristas para justificar el uso de la fuerza y saltarse a todas las instituciones empezó con los migrantes y se extendió a sus países. Antes de la operación militar en Venezuela, por ejemplo, Estados Unidos declaró a Nicolás Maduro como terrorista. Eso era básicamente la visión de Stephen Miller, pero aplicada a la política internacional.
O sea, en el primer gobierno de Trump, Miller no hubiera tenido nada que ver con esas políticas porque su portafolio, sus intereses eran principalmente domésticos. Pero él ahora, como consecuencia tanto de su influencia como de la visión de esta administración, está conectando su visión racista de la migración en Estados Unidos con la visión de la política exterior del país. Así que estamos viendo como, por así decirlo, una continuidad en esa visión y él sí tiene un peso en cada círculo, digamos, y es algo realmente alarmante.
Silvia Viñas: Hablemos de eso porque en ese perfil que escribiste sobre Miller, un funcionario que trabajó con él te dice que Miller estaba obsesionado con la idea de las consecuencias, ¿no? Que creía que la única forma de frenar la migración era que tuviera consecuencias para los que rompían la ley. Y todo lo que hace este gobierno parece responder a esa lógica. Medios de Estados Unidos incluso han reportado que el bombardeo a lanchas en el Caribe venezolano fue alentado por Miller como una forma extrema de disuadirlos de querer llegar al país. Pero, ¿hasta qué punto crees que lo que hace el gobierno es una demostración de fuerza, como el show de todo esto, ¿no?
Jonathan Blitzer: Yo creo que para Miller el bombardeo de esas lanchas era más un reflejo de esto, una muestra de poder sin límites. Es cierto que Miller ahora, y durante el primer gobierno de Trump, tenía la visión de que hay que imponer consecuencias graves sobre los migrantes para disuadirlos a seguir intentando cruzar la frontera; por ejemplo, la política de la separación de las familias.
Pero yo no creo que esto se aplique directamente a lo que estamos viendo en Venezuela. Yo creo que en el contexto de Venezuela hay dos o tres cosas a la vez que son relevantes a la visión de Miller y el rol de Miller. Porque esto fue para mí bastante llamativo cuando estaba haciendo reportajes sobre las políticas de esos bombardeos de las lanchas. Yo originalmente suponía que tenía que ver con el Departamento del Estado, con el Departamento de Defensa y de los intereses propios de Marco Rubio, el secretario del Estado, que tiene una visión muy ideológica de la región y también de Pete Hegseth, el secretario de defensa, por querer bombardear cosas, por así decirlo. Pero no, fue Miller quien intervino de forma muy influyente e importante para facilitar esa política.
Yo creo que era una obsesión suya para demostrar que el presidente puede hacer lo que quiera y que nadie lo puede limitar. Y la idea es mandar un mensaje a todo el mundo de que Trump tiene un poder ilimitado.
Si no hay justicia para todos, no la hay para nadie
Silvia Viñas: Hay un discurso que siempre aparece en estas situaciones en Estados Unidos, bienintencionado a veces, que dice: «Esto no es Estados Unidos, esto no somos nosotros, nuestro país no hace estas cosas«. Pero, por supuesto, los latinoamericanos que conocen algo de historia saben que Estados Unidos sí hace estas cosas, solo que no las hacía en casa.
Tú has investigado y escrito sobre estas intervenciones en nuestra región. ¿Cuánto crees que queda en pie de ese mito de la excepcionalidad estadounidense? ¿Y te parece que esa imagen que tiene una parte de la sociedad sobre sí misma es un obstáculo para entender lo que está pasando realmente en Estados Unidos ahora?
Jonathan Blitzer: Una pregunta interesante. Yo creo que la política migratoria es una especie de espejo del carácter del país y, como consecuencia de que el sistema migratorio es muy complicado, como consecuencia de que el discurso político es muy básico y muy cínico, no creo que el público esté acostumbrado a verse a sí mismo en esa lente.
La última vez que el Congreso modificó el sistema migratorio en Estados Unidos fue en el año 90. O sea, que el sistema de migración legal no existe, no ha sido actualizado. Así que las personas que viven aquí, que no tienen documentos o que viven con un estatus temporal o profesional, están así porque las vías no existen. Y yo creo que en el discurso público esto todavía no ha penetrado la conversación, y es difícil en cierto sentido por la cantidad de mentiras, por la ansiedad de los demócratas que no quieren ser demasiado fuertes en su retórica sobre la importancia de los derechos de los migrantes.
Pero yo creo que esto no ha penetrado la conversación, pero es innegable y es algo que no se puede evitar. Cada cosa que vemos, cada forma de abuso que vemos, refleja en cierto sentido este problema fundamental.
Yo pasé la mayor parte de mi trabajo profesional estudiando la conexión entre Centroamérica y Estados Unidos. Y hay una conexión muy directa entre las intervenciones de Estados Unidos en países como El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y la demografía de Estados Unidos, las comunidades migrantes que se instalaron en Estados Unidos a partir de los años 80 hasta la actualidad. O sea, que no se puede separar las políticas de Estados Unidos, ni siquiera las políticas domésticas o las políticas exteriores, del trato a los migrantes. Y la verdad es que no creo que la gente entienda eso porque yo creo que es una realidad que realmente complica la visión que los estadounidenses quieren tener de su propio país. Ahora lo que estamos viendo es una oportunidad para ver la realidad de cómo la justicia en este país funciona para todos o no funciona para nadie.
Silvia Viñas: Ahora estamos viendo como esta obsesión con las consecuencias está llegando a los mismos estadounidenses. O sea, con las muertes en Minneapolis, hubo gente que decía para denunciar un doble discurso, nosotros pensábamos que el papel de ICE era dispararle a los inmigrantes, no a nosotros.
Más allá del sarcasmo, durante el primer año de este gobierno, en 2025 murieron unas 30 personas mientras estaban retenidas en centros de migrantes. Ese es el mayor número en dos décadas. ¿Qué ha cambiado para que ahora también los ciudadanos que protestan contra el gobierno reciban este mismo trato?
Jonathan Blitzer: No quiero decir que fuera inevitable, pero la verdad es que sí. Si el público estadounidense no está prestando la atención a los abusos de los derechos humanos en este país, es una cuestión de tiempo hasta que estos abusos toquen a todos. Y yo como reportero que cubre migración, siento cierta ambivalencia sobre esto.
Por un lado, quiero decir que sí, ahora están asediando a todos, o sea, los recién muertos en Minnesota eran ciudadanos acusados de interferir la labor de los agentes de ICE, son ciudadanos manifestándose de forma pacífica. O sea, para mí es tan alarmante que todos deben estar prestando atención y pensando en las implicaciones. Pero al mismo tiempo debemos estar muy preocupados por el tratamiento de los migrantes.
Yo creo que en términos políticos en Estados Unidos ha sido muy difícil encontrar defensores muy activos de los migrantes. Siempre los gobiernos de Estados Unidos, sean demócratas o republicanos, trataban mal a los migrantes. Eso es un hecho. Pero ahora lo que estamos viendo es el deterioro de las instituciones legales y democráticas. Y yo creo que ahora está llegando a ser cada vez más difícil justificar que este tipo de acción gubernamental sea una excepción. Más que nada es una muestra de cómo se hacen las cosas en este país. Y lo que estamos viendo en particular, y esto sí era evidente incluso durante la campaña, era que la frontera estaba siendo una especie de pretexto para invadir las partes interiores del país.
Es decir, la idea de que ahora estamos en ciudades estadounidenses donde hay patrulla fronteriza con responsabilidades policiales. Es algo increíble la idea de que agentes de ICE puedan entrar en las casas sin órdenes judiciales. O sea, estamos hablando de un estado autoritario.
Eso es un poco la paradoja en Estados Unidos, que es muy difícil convencer al público de la gravedad de esta injusticia cuando se limita a la comunidad migrante. Y ahora estamos en un punto de inflexión, quizás, en que la gente pueda empezar a ver qué significa un gobierno abusivo diariamente con los ciudadanos, con los residentes, con los migrantes, y que el futuro de los migrantes en Estados Unidos está conectado al futuro de los ciudadanos y al revés. Todos estamos en el mismo país y las instituciones deben servir a todos.
¿Punto de inflexión?
Silvia Viñas: Sí. Y creo que también tiene que ver con las tácticas, ¿no? Porque creo que hay una gran parte de la población que dice que tiene que haber límites en la migración y leyes y todo eso, pero ver estas tácticas tan agresivas, creo que estamos viendo a gente que lo cuestiona.
Esto es anecdótico, pero yo estoy viendo en mis redes sociales personas que no son periodistas políticos hablando sobre esto por primera vez. Es como la primera cosa que les escucho hablar de política, pero también han salido encuestas estos días que muestran que solo el 38% aprueba cómo está manejando la inmigración este gobierno. Y ahora con estas muertes y todo lo que está pasando, ¿sientes que este puede ser un punto de quiebre, un revés para el gobierno o que todavía no hemos visto hasta dónde puede llegar?
Jonathan Blitzer: Sí, perdón por la pausa, estoy pensando.
Hay una lista de cosas que está haciendo el gobierno ahora que representan tácticas totalmente nuevas; por ejemplo, ignorando el estatus legal de migrantes que están siendo arrestados. Yo entrevisté a dos o tres personas que fueron enviadas a la cárcel en El Salvador que tenían estatus legal, o sea, venezolanos que en algún caso tenían lo que nosotros llamamos temporary protected status, otros que tenían estatus de refugiados. Y nada de esto importaba a la administración.
Luego teníamos algunos casos de venezolanos que tenían casos pendientes ante la Justicia y a la administración no le importó nada arrestarlos y enviarlos a El Salvador. Eso es algo totalmente nuevo.
Durante el primer gobierno de Trump, el consejo que los abogados y sus aliados solían dar a los migrantes era que trataran de iniciar un proceso legal de asilo o de visado, porque si alguien tenía ya un caso pendiente, no podía ser arrestado. O sea, antes de que se resolviera el caso, había ciertas medidas de protección. Ahora no tenemos eso. En mi vida nunca he visto algo tan claro en cuanto al asedio del estado a las leyes. Y yo creo que parte de la ciudadanía sí está empezando a ver ejemplos de esto.
Una cosa que escuché recientemente de Miller, él no me lo dijo directamente, pero conversé con una fuente que podía resumir lo que él estaba diciendo. Era lo siguiente: «Mira, todo lo que estamos haciendo está provocando manifestaciones o comentarios públicos por los demócratas o por los ciudadanos en las redes sociales. Pero, en algún momento, la gente se va a olvidar de estos casos y van a seguir con sus vidas». Es decir, la apuesta del gobierno es que no se van a sostener las críticas de la administración. Pero lo curioso es que los abusos se van a acumular y con cada abuso la gente está prestando más y más atención. Creo que el riesgo político para Miller en particular es que él no comparte la visión de la mayoría de los estadounidenses, incluso de las personas más conservadoras del país.
Silvia Viñas: Tú decías que Miller está como desconectado un poco y no ve, o no quiere ver, cómo el público está reaccionando a las medidas que él impulsa. Pero sabemos que a Trump sí le interesa mucho su popularidad, sí le interesa mucho su legado. Faltan 3 años, eso es un montón de tiempo, pero hay elecciones de medio término este año. Entonces, yo me pregunto, ¿durante cuánto tiempo Trump puede mantener este nivel tan alto de conflicto? Y me pregunto, espero que esto no sea demasiado inocente, pero me pregunto si ver esta resistencia en Minneapolis, el rechazo de la población a estas tácticas, si eso puede darnos un poco de esperanza de que quizás el animal político de Trump se vea un poco forzado a bajar un poco esta intensidad al ver que lo puede perjudicar mucho políticamente.
Jonathan Blitzer: No creo que podamos analizar la postura de Trump en términos lógicos y creo que, hasta cierto punto, todo lo que estamos viendo en cuanto a la resistencia pública, él puede responder ante eso con mentiras, con ataques. Es decir, lo que estamos viendo de que el gobierno está acusando a las víctimas de estos abusos de los agentes federales de ser terroristas y cómo los miembros de la Casa Blanca (Trump, Miller, etcétera) tienen un partido político 100% leal a esta agenda no por compartir necesariamente la visión completa, sino por no querer desviarse de Trump, de su retórica. Así que él todavía no está viendo las consecuencias, y todavía puede modificar su percepción de las respuestas, las reacciones a sus políticas y tiene un poder significativo en cuanto a fomentar más confusión, difundir más mentiras, intensificar la guerra contra sus oponentes políticos.
Así que el gran miedo que tengo es que lo que estamos viendo en ciudades como Minneapolis solo va a provocar más a la administración, porque ellos nunca tienen el interés democrático en responder al público: quieren imponer su agenda. Pero creo que la resistencia pública es imprescindible, tanto para dejar bien claro que el público está en contra de lo que está pasando, así como en las consecuencias que ello tiene en el Partido Demócrata y en ciertos miembros del Partido Republicano. Es un hecho que hay oficiales, dentro de las agencias que ahora están llevando a cabo estos ataques en ciudades como Minneappolis, que están cada vez más incómodos. O sea, hay miembros del ICE, hay miembros de la Patrulla Fronteriza, hay miembros del FBI que a lo mejor no comparten la visión que tenemos nosotros, pero que tampoco tienen la visión que avanza Miller, y que ve cierta precariedad para sus agentes, para el prestigio de sus agencias si el gobierno mantiene este tipo de comportamiento.
Francamente, no tengo la menor idea de lo que vamos a ver, y estoy totalmente en shock. Puede que esta resistencia tenga repercusiones nacionales y elementos del gobierno comience a discrepar. No sé qué forma va a tomar eso. Era muy llamativo, por ejemplo, que había seis, creo que fueron seis, fiscales del Departamento de Justicia que renunciaron porque el gobierno estaba investigando a la familia de una de las víctimas de este agente del ICE. No sé cuáles van a ser las consecuencias, porque esto solo significa que se va a reemplazar con una persona más fiel al presidente. Pero yo creo que esto es lo que vamos a ver como evidencia de que la propia gente que tiene que ejecutar esta agenda esté cada vez más incómoda en realizar las órdenes de Miller y de Trump.
Silvia Viñas: Entonces, sí hay un lugar para la esperanza.
Jonathan Blitzer: Creo que sí. Estoy teniendo la experiencia de que todos están teniendo ahora: por un lado, estoy totalmente horrorizado por lo que estamos viendo en Minneapolis, pero la parte que me está provocando este horror es el rol de los agentes federales. Al mismo tiempo, el coraje, la valentía de los manifestantes y de los oficiales locales da muchísima esperanza. Y yo creo que este fenómeno, además, no es una cuestión localizada en Minnesota. Lo hemos visto en Los Ángeles, en Chicago…. La administración no va a parar, van a seguir insistiendo en su agenda y van a seguir abusando del público. Ya están iniciando una nueva campaña en el estado de Maine. Es decir, vamos a ver esto, la repetición de esto y hace que sea cada vez más difícil para un miembro del público decir «ah, bueno, pero esto está limitado a Minnesota, esto está limitado a los Ángeles.» O sea, es innegable, va a ser cada vez más difícil de negar o de ignorar la tendencia que estamos viendo.
Silvia Viñas: Muchas gracias, Jonathan.
Jonathan Blitzer: Gracias por invitarme.
Voz en off: Dos días después de la muerte de Alex Pretti a manos de agentes federales, el presidente Donald Trump relevó de su cargo a Gregory Bovino, jefe de la Patrulla Fronteriza y comandante del brutal operativo migratorio en Minneapolis. En su lugar mandó a Tom Homan, zar de la Frontera y otro de los arquitectos de su política anti-inmigrantes. En su primera conferencia de prensa como jefe de un operativo de 3.000 agentes, Homan dijo que se había reunido con el gobernador de Minnesota y el alcalde de Minneapolis y aseguró que está trabajando en un plan de desescalada. En esa misma conferencia aclaró que está comprometido con cumplir los deseos del presidente Trump de llevar a cabo la mayor deportación de la historia de Estados Unidos.