El 17 de septiembre, la escritora argentina Mariana Enriquez pasó por Okendo Kultur Etxea en su gira de presentaciones organizada, creo, por la editorial Anagrama. En la casa de cultura del barrio donostiarra de Gros la esperaba la periodista Begoña del Teso. Hablaron de muchas cosas, pero a mí me interesó sobre todo lo que dijo Mariana de Argentina, de Milei y de la ola de catastrofismo.
Me he acordado precisamente ahora que Milei ha salido reforzado de las elecciones de finales de octubre.
Lo que paso a transcribir está unos segundos antes de los 40 minutos de la grabación.
Mariana Enriquez Argentinari buruz: errukia haserrearen gainetik, apunte hau euskaraz.

Begoña del Teso: En otra de las entrevistas, y además mientras os estábamos esperando a vosotros (se entiende que se refiere al público) estábamos comentándolo, has dicho y nos lo has vuelto a comentar a Josemi Beltrán (director de la programación de cine de Donostia Kultura) y a mí que te preocupa menos la situación de los creadores que la de los marginados en esos países, incluido el tuyo, sobre todo el tuyo. Aunque los marginados hayan votado a Milei.
Mariana Enriquez: Es que la situación de la cultura en un país como Argentina, o en muchos países de Latinoamérica, tiene varios problemas. Por un lado, lo normal y lo hermoso es que la cultura pueda llegar a todos, pero que sea pública, gratuita y accesible no quiere decir que una persona que tiene cinco trabajos pueda dedicarle ese tiempo; y esa persona tiene cinco trabajos, porque sin esos cinco trabajos no puede pagar la casa donde vive, no puede sostener a sus hijos, su familia, etcétera. Esa persona no puede objetivamente condolerse porque un cineasta no puede hacer una película. Esto es tan duro y tan brutal como eso. No se puede.
Lo normal y lo natural sería decir: «Bueno, una cosa es una cosa y nos deben preocupar las dos». Nos deben preocupar las dos. Pero creo que desde la cultura tenemos que ser más comprensivos con la gente que te mira así como diciendo «pero, ¿en serio me estás diciendo que se terminó el subsidio de los escritores cuando también se terminó el subsidio de los discapacitados?»
Es objetiva la necesidad de empezar a pensar que una sociedad como la argentina no es una sociedad como algunas sociedades europeas o como la sociedad australiana donde yo vivo ahora: hay necesidades urgentes que hay que resolver primero.
Como creadores, porque yo soy del grupo privilegiado de los creadores, tenemos que continuar actuando y tenemos que continuar protestando, pero tenemos que incluir en esa protesta la exigencia del tiempo libre y de la falta de explotación de toda esa gente para que pueda acceder a lo que nosotros hacemos, porque es un derecho que se les está negando.
De alguna manera, si ese derecho no existe, mi creación no tiene sentido porque no tiene público o no tiene el público al que a mí me interesa llegar, que no es gente como yo, es gente que pueda venir de su trabajo, tranquilizarse, tirar los zapatos y mirar una película de cine argentino. Eso es a lo que tenemos que llegar. En ese sentido no es una cosa o la otra, son las dos cosas, pero desde la creación tenemos que pensar para quién la estamos haciendo.
Eso no puede ser un diálogo entre gente que tiene ese privilegio cultural, por más que sea un privilegio cultural de pobre, porque el subsidio que tenés en cine en un país como Argentina es magro. Es decir, tampoco es que digamos que la persona que hace una película es una persona privilegiada, pero la persona que hace una película maneja un grupo, hay actores, hay actrices, hay… qué sé yo: no es lo mismo que levantarse a las 5 de la mañana, ir al Mercado Central, comprar zanahorias, (intentar) venderlas y que la gente no te las compre porque están carísimas, porque hay 150 de inflación.
O sea, lo ideal sería que esta persona pudiera levantarse tranquilamente a las 5 de la mañana, comprara sus zanahorias, las vendiera, terminara a las 4 de la tarde, se fuera a casa y dijera: «Vamos al cine».
Me parece que hay una discusión un poco más profunda que el dedo. Y sí, muchas de esas personas votan a la derecha, ya no digamos solamente a Milei, votan a la derecha porque todos los casos son distintos.
Considero que en Argentina ocurrió también porque se probó todo: probamos con la derecha soft, probamos con el progresismo… Entonces llegó un momento en que vos decís: «Bueno, este hombre es como una especie de personaje extraño, pero ¿por qué no?» Y ese «¿por qué no?» creo que hay que entenderlo no desde el juicio moral, sino desde la compasión, también de la compasión por todos nosotros, por mí también, de tener que estar viviendo en un país que no tiene alternativas. Digamos que hace falta más compasión que ira.
Milei
Begoña del Teso: ¿Tú crees que la motosierra la cogió porque conoce La matanza de Texas?
Mariana Enriquez: No entiendo su cabeza. De verdad, me parece una persona muy misteriosa. No creo, pero puede ser.
Begoña del Teso: Sería una pena porque nos gusta la película.
Mariana Enriquez: Sí, pero puede ser. No lo sé. Son las cosas que nadie le pregunta.
Begoña del Teso: No ha habido en absoluto, en nuestra conversación previa, ninguna esperanza banal al futuro de Argentina o del mundo en general, pero sí has dicho algo interesante: «Es solo un presidente».
Mariana Enriquez: Es solo un presidente.
Begoña del Teso: Se puede marchar.
Mariana Enriquez: Por ahora es un presidente democrático. O sea, en Latinoamérica tenemos experiencias como el Perú de Fujimori, que un día se levantó y dijo: «No hay más congreso, no hay más parlamento». Y lo cerró. Hizo lo que se llama un autogolpe de estado y quedó él como autócrata.
Eso no lo hizo Javier Milei, y yo creo que no lo va a hacer, que no tiene resto político para hacerlo, no le queda aire político. Porque para hacer eso se necesita mucho poder, mucho consenso de la gente.
Es un presidente democrático. Por ahora él se somete a las leyes del juego democrático y se le pueden ganar elecciones. Hubo presidentes igual de nefastos en Argentina, qué sé yo, y se fueron y volvieron otros más nefastos…
Begoña del Teso: …Y después hubo alguno un poco menos nefasto…
Mariana Enriquez: También. Yo, a la confusión general, trato de ponerle lo único que puedo aportar con mi edad y experiencia en Argentina, que es un poco de perspectiva. Decir que estuvo Carlos Menem, pasó la crisis del 2001 con muertos en la calle… Estamos en otro momento.
El catastrofismo
Begoña del Teso: ¿Y esa otra reflexión sobre el catastrofismo que has hecho también en esta tourné que mañana te lleva a Bilbao?
Mariana Enriquez: No soy una persona optimista en general; soy una persona bastante pesimista. O sea, yo no espero demasiado de la gente. Yo estoy contenta, pero no estoy contenta porque las cosas vayan bien, porque las cosas van inevitablemente mal siempre. Pero bueno, ¿qué va a hacer uno?
Pero no siento que este momento en particular de la historia sea ni peor ni mejor que otros. En ese sentido no soy catastrofista. O sea, yo creo que si tuvierámos esta charla en este país en 1939, podríamos decir que estábamos…
Begoña del Teso: …en la catástrofe.
Mariana Enriquez: ¿Podemos decir objetivamente, seriamente, que ese momento, no solo para España, para el mundo entero, era un momento mejor que este o peor que este? No, la historia humana es una historia de grandes catástrofes, pero catastrofismo es pensar que este momento es un momento abismal que estamos viviendo.
Para mí, eso lo que sobre todo obtura es la posibilidad de pensar y de salir de ahí. Pues si vos decidís cognitivamente: «Esto es terrible, no se puede hacer absolutamente nada, qué desastre». Entonces, no hay posibilidad de imaginar nada. La única manera de poder salir de situaciones de crisis es la imaginación. La imaginación política también es imaginación.
Lo fantástico, esto que nos gusta, no es solamente que nos gusta porque son cosas… no, es porque se trata de gente que está pensando alternativas a la realidad, al futuro, a cómo salir. Cuando leemos obsesivamente distopías, vemos todo el tiempo cómo hay un montón de gente creativa que dice: «Bueno, esto es por acá, esto es por allá». Y este momento del mundo no es una distopía, aún…
Begoña del Teso: Aún.
Mariana Enriquez: … y quizás no lo sea. Ya hubo distopías en el pasado, además. Esa es otra cosa, digamos, que hay que tener en cuenta. Hubo momentos, localizados, distópicos en el pasado.
Begoña del Teso: Ayúdanos a entender a tu manera la distopía o el momento distópico.
Mariana Enriquez: Montones. En Argentina, puntualmente, lo fueron los momentos más duros de la dictadura 1977 y 1978; sobre todo en el 78, cuando la Junta Militar organiza el Mundial de Fútbol para, con la euforia de la gente, producir el momento de mayores secuestros. Eso es un momento distópico, porque es un momento de una Junta Militar. Que además era una junta, no era uno solo. Una Junta Militar que decía: «Bueno, vamos a hacer eso». Y mientras la gente festejaba en la calle… Yo recuerdo los festejos en la calle, aunque era muy chica (tenía 4 años), pero recuerdo la histeria y, para toda la gente que estuvo festejando en la calle en ese momento, estaban festejando sobre la tortura de la gente. Eso es un momento distópico y eso no está pasando hoy en Argentina. Entonces, a eso voy con la sensación de catastrofismo.
Son cosas que personalmente ya viví, que muchos ya vivimos también. Entonces, paradójicamente, esto es como si estuviese diciendo algo optimista, pero… Es decir, hay algo del lado oscuro de las máquinas que hace que permanentemente tengamos una información constante y direccionada, porque tenemos que recordar que el algoritmo se alimenta de lo que nosotros más le damos, y a lo que más le damos es a lo más horrible, no a lo más lindo.
Eso es notable. La gente está, como muchas veces me dice: «Pero, ¿cómo podés pensar en cosas tan horribles?». Yo agarro mi teléfono y veo lo que estoy viendo y la mayoría es horror, horror, horror y horror, porque hay gente que en vez de estar poniendo likes al vestido maravilloso de Jenna Ortega, está poniendo likes en los (Premios) Emmy a cosas terribles, porque de lo contrario no sería así. Todos están mirando el horror, pero pretenden que son personas edificantes: pues no lo son.
Entonces, hay que entender que estamos en un momento donde vemos principalmente; vemos más que leemos, vemos más que escuchamos, me refiero a las noticias y a cosas así, y eso produce una distorsión que es inédita.
Entonces, es totalmente legítimo que uno se sienta absolutamente conmocionado porque nunca pasó, pero es bueno empezar a pensar y decir: «Bueno, ¿y qué pasaba hace 30 años?». Y nos vamos a sorprender con lo que pasaba.
Begoña del Teso: La perspectiva de la que hablabas antes.