Último domingo de junio. Algo más de las 10:30 horas. Irun. Voy en coche y tras salir en Oñaurre de la autopista, en la primera parada de autobús en sentido Irun, hay un hombre de pie, nervioso. En el suelo hay otro tumbado.
No me di cuenta inmediatamente de que el segundo estaba tumbado. Pero, cuando pude, torcí a la derecha y retrocedí varios metros.
Lazaro, altxa zaitez, apunte hau euskaraz.
Aparqué en la parada del bus. El hombre que estaba de pie me dijo que había llamado hacía casi 10 minutos al 112. Le debieron de poner en contacto con la Guardia Municipal de Irun. Y estaba cabreado con la respuesta que le habían dado. Que le dijera «Lázaro, levántate».
«Como es negro, parece que no tiene derecho a ser atendido», remachó su cabrero.
El hombre que estaba en el suelo comenzó a moverse y, entre los dos, conseguimos que se incorporara. Nos dio las gracias por pararnos. Le dijimos que mirara si le faltaba algo. Nos dijo que no. Los móviles, dos, y la cartera estaban en su sitio.
Nos enseñó sus papeles. Entre ellos un documento de identidad que rezaba «Lázaro Y».
Cuando consiguió espabilarse, le dijimos que la parada de su autobús estaba justo en el otro lado. Además, llamé al 112 para decirles que el hombre se encontraba bien y que no necesitaba atención.
Me despedí de la pareja y continué mi camino, porque tenía que hacerle caso a mi madre.
Al principio no caí, pero a lo largo del día, sí.
La Guardia Municipal de Irun sí tenía noticias de Lázaro y por eso hicieron esa propuesta telefónica tan sui géneris de «Lázaro, levántate».
Es decir, no era una cuestión de racismo o xenofobia. Así me lo ha confirmado un amigo.